Huele a quemado, huele a quemado, necesito que veas que sucede, y era eso, que la hoguera que había hecho estaba quemando la comida que íbamos a comer ese día, por cierto no era un día normal porque estaba muy bien acompañado, los demonios aparecen cuando mas los necesitas... alimentado tu locura, a base de buenos estados alterados.
Comí cuanto pude encontrar, mas el cactus asado tenia demasiada agua, podría reclamarle al chef, en fin podemos hacerlo, y el postre estaba un poco insípido deberían cerrar el restaurante.
Después de la cena, se me ocurrió irme a tomar un pequeño tentempié a la pastelería de la esquina, como para no quedarme con el estomago vacío, porque barriga llena... ya sabes.
No debería haber comido tanto porque al llegar a casa me esperaba la cena, una buena cena que me comí con toda el hambre que podía tener con tantas ganas que me solté el cinturón solo para terminar de comer, y es que de los mayores placeres de este mundo es comer, todo aquello que te llegue a la boca.
Mas incrédulo él, desperté delirando por haberme comido una calabaza del desierto, guloso yo, queriendo haber comido aquello que no comí cuando pude haberlo querido.
De nuevo el loco tuvo que considerar que el desierto es lo que tiene que no hay mas que comer.
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