
Al despertar de un siesta, me hayé en un agujero negro, blanco, amarillo... bueno no se de que color describirlo, la cuestión es que en medio del desierto me quede ciego sin conocer motivo ni manera de arreglarlo.
Todo lo que se me paso por la cabeza fue... calma caballero, que todo problema tiene solución y si no la tiene pues no la tiene.
En cuanto pude recobrar un poco mi sentido de orientación, comencé mi camino ciego, aquel por el que sería guiado por mis otros tres sentidos, porque el otro lo tenia indispuesto, por eso que hay que darle vacaciones y esas motivos laborales.
Al no saber si era de día o de noche, me la pasaba durmiendo de día y caminando de noche; le di conversión a un escorpión, el cual me daba unas recetas buenisimas para dormir mucho tiempo. le dije que no se tomara la molestia de prepararlas, que me daba vergüenza, que no era necesario.
Luego una calabaza del desierto me ofreció un poco de comida pero dije que no, con la escasez de comida como para quitársela, no no no por favor.
En todo esto me llega un hombre ofreciéndome corbatas, que si quería corbatas...y le dije que no,
media hora después otro caballero con lo mismo y seguía rechazando.
A esto que aparece un oasis, salí corriendo para entrar, y de un momento a otro salió un maromo tan grande como tu y yo juntos o más; y va y me dice que no puedo entrar, que necesito corbata; me pude estar acordando de las madres de todos aquellos vendedores de corbatas y de la mía también, porque irónicamente también vende corbatas.
En fin, me tocó aguantarme y seguir durmiendo...
